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giovedì 23 maggio 2013

La difícil construción del socialismo en Venezuela / La difficile costruzione del Socialismo in Venezuela



La difícil construción del socialismo en Venezuela

Juan Carlos Monedero
El escenario presentado por la oposición al chavismo durante la breve campaña ha tenido tintes apocalípticos: catorce años de Gobierno (con casi dos generaciones que sólo han conocido gobiernos chavistas), la muerte del carismático líder y su sustitución por alguien que no es Chávez (algo, por otro lado, evidente), apagones eléctricos y problemas de abastecimiento (cierto que provocados por sabotajes, aunque esto no lo decían), una delincuencia en niveles muy altos, subidas de precios (donde hay mucha responsabilidad de acaparadores y especuladores, cosa que tampoco se enuncia), corrupción en la administración... Y, sin embargo, Nicolás Maduro ha ganado las elecciones. Con un resultado al que no estaba acostumbrado el chavismo (siempre sacando dos dígitos a sus adversarios), pero que no está lejos del de otros presidentes (Calderón, Bush). Maduro ha ganado las elecciones y la oposición, como ha venido siendo la norma desde 1998, desconoce el resultado. La derecha siempre piensa que el poder le pertenece.
La derecha siempre piensa que el poder le pertenece
Para entender la victoria de Nicolás Maduro haría falta dejar de lado la agotada ciencia política y leer un poco de literatura (por ejemplo, Los pasos perdidos, de Alejo Carpentier). Se vería así que los ritmos del mar, de los ríos infinitos y de la tierra no son los de las fábricas y las autopistas. Ayudaría también entender la lógica de las telenovelas —donde se reinventa constantemente el mito de la Cenicienta, ahora con jueces y herencias de por medio— o el porqué de la necesidad popular de santos cotidianos, esos que dan fuerza a los que se levantan a las cuatro de la madrugada para ir a un trabajo donde se demorarán toda la jornada y recibirán un salario que no alcanza para ir a Disneyworld. Ayudaría también entender la humillación acumulada del pueblo frente a los mantuanos y los extranjeros y la dignidad recuperada gracias a alguien que era de los suyos (piensen en Los santos inocentes de Miguel Delibes, multiplíquenlo por diez, metan el racismo histórico hacia los negros y los indios, y aderécenlo con penetración imperial norteamericana; entonces se aproximarán a lo que ha sido la historia de América Latina durante dos siglos). En una asamblea comunal, una mujer venezolana le dice a otra: "¡Chica, es que hablas como Chávez!". Y ella le contesta: "No. Es que Chávez habla como nosotros". No hay niños desnutridos en las calles de Venezuela y en las escuelas se entregan libros y ordenadores. El último año se repartieron 200.000 viviendas. Además, a los venezolanos ya no les da vergüenza ser venezolanos. En el editorial de un periódico global y desubicado se decía: el populista Chávez se gasta el dinero del petróleo en educación, en sanidad, en pensiones, en vivienda social. Claro, así cualquiera gana elecciones.
Raúl Arboleda / AFP
¿Por qué la izquierda avanza en América Latina y se despeña en Europa? Pudiera ser porque Europa insiste en despreciar lo que ignora. De nada sirve toda la escuela de Frankfurt advirtiendo frente a la torpeza moderna a la hora de usar la racionalidad de otra manera que no fuera mera instrumentalidad —vaya, que no fuera como Terminator—. Tampoco le ha servido al bueno de Baumann su apuesta por lo líquido y su advertencia de que hay una línea casi recta entre el pensamiento de la Modernidad y los crematorios de Auschwitz. Europa sigue cometiendo "epistemicidios", haciendo del pensamiento lineal un camino a ninguna parte, midiendo el mundo con la vara arbitraria de su saber eurocéntrico.
Capriles ha sacado un buen resultado no por méritos propios, sino por los errores del chavismo
La Venezuela bolivariana sigue pareciéndole a lo discípulos de las brumas filosóficas demasiado frívola. ¿Un Presidente que canta? ¿Un líder que se ríe con su pueblo? ¿Un dirigente que se la pasa manchado de barro y con los sectores más humildes? Y por si fuera poco ¡ahora un Presidente conductor de autobús! Si entendieran la emocionalidad de este proceso, sabrían que no se puede derrotar al sueño de los pobres con un burguesito que ayer decía que iba a echar a los médicos cubanos y hoy promete darles la nacionalidad, que ayer quería encarcelar o inhabilitar a Chávez y hoy se declara su más ferviente discípulo, que ayer insultaba a las misiones y hoy dice que las va a potenciar. Y lo dice rodeado de personas de plástico —como cantaba Rubén Blades— a las que se les nota a la legua que les molesta todo lo que sepa, huela o se vea como pueblo. Claro que Capriles ha sacado un buen resultado. Pero no por méritos propios, sino por acumulación de los errores del chavismo.
Nicolás Maduro, un conductor de autobús que ha hecho su grado y su posgrado en la política (cuidado con los elitistas: ¿cuántos licenciados y doctores no han arruinado países?), tiene la experiencia suficiente como para continuar el proceso e, incluso, superar los cuellos de botella en los que se ha detenido. Como sindicalista, como diputado, como Presidente de la Asamblea, como Canciller, como Vicepresidente. Si Chávez lo escogió entre un gran abanico de posibilidades no fue por capricho. El Presidente fallecido tardó demasiado en pensar en su sucesión. Pero cuando la enfermedad le puso en la urgente tesitura de hacerlo, la formación de Maduro ya era un hecho. En su intervención el día de las elecciones desde su colegio electoral,
Maduro demostró que ya estaba preparado. Los tics de emulación de su maestro quedaron atrás. Apareció, de pronto, él mismo. Algo tarde, pero un Maduro completo ya estaba ahí. Sus gestos, su discurso, su temperamento, su tranquilidad. Él, como la mayoría del pueblo, "le ha cumplido a Chávez". Ahora ya puede continuar solo. El gran reto de suplir a un Presidente "gigante" -es lo que ha sido Chávez, pese a los errores y todo lo pendiente- lo ha sabido hacer con bien. No parecer que se renunciaba a su legado; no parecer un simple clon del Comandante. Y el pueblo de Venezuela ha sido claro: acompañábamos a Chávez, pero también acompañábamos un proyecto. Cierto que la oposición ha sacado su mejor resultado. Pero Maduro ha sacado 300.000 votos más.
Edwin Montilva / REUTERS
Los retos de Maduro son grandes. Cuando en el mitin de cierre de campaña se hizo acompañar de todo su tren ministerial estaba lanzando un primer mensaje claro: somos un equipo. El carisma de Chávez va a ser sustituido por política. El segundo mensaje no era menos contundente: desde el día después de las elecciones, Maduro va a recorrer el país durante dos semanas, escuchando al pueblo, sus quejas, sus necesidades, sus deseos de colaboración. Casi el 50% de los electores no ha entendido la propuesta de Maduro. Corresponde, pues, explicarla. Y, al tiempo, construyendo los nuevos acuerdos que permiten gobernar un país.
Maduro heredó de Chávez su señalamiento como la persona encargada de continuar la revolución bolivariana, pero con ese legado no venía incluido el acuerdo que trenzó Chávez en estos catorce años. Le corresponde al nuevo equipo de Gobierno construir el nuevo bloque y lograr hegemonía gracias a la incorporación de grupos, sensibilidades, profesiones, partidos, ámbitos geográficos, etc. Es aquí donde existe más riesgo de fractura en cualquier proceso de cambio, de manera que la voluntad demostrada de hilar todos estos asuntos indica sensibilidad política y buen tino. El tercer mensaje es igualmente contundente: ningún acuerdo con la "burguesía" (es decir, con quienes apuesten por aprovecharse del trabajo de los demás) ni con el imperio (los vecinos del norte, siempre conspirando para desestabilizar a los desobedientes, pero también las empresas transnacionales, que creen que cualquier territorio es un mercado y les pertenece). En cuanto al programa, Maduro sabe, como miembro de diferentes Gobiernos de Chávez, que hay tres problemas urgentes: la inseguridad, la corrupción y la ineficiencia. Tres problemas estructurales, históricos, de muy difícil solución pero donde el proceso se juega su credibilidad popular una vez que todos los demás logros pronto se verán ya como derechos adquiridos. La crisis económica mundial terminará llegando a América Latina, y en ese escenario es esencial que el entendimiento entre el pueblo y el gobierno sea total. Para ello, la transparencia y la probidad del comportamiento gubernamental son condición sine qua non.
Todo esto sólo se podrá lograr con la participación popular y con una apertura inmensa a la crítica y a la autocrítica. La desaparición física de una figura tan presente como la de Chávez, abre mucho espacio para muchas cosas. En un mundo sin modelos, la frase de Simón Rodríguez "inventamos o erramos" sigue siendo radicalmente válida. El vivencialismo o experimentalismo es más relevante que la repetición de modelos que han demostrado su invalidez. Por eso, el proceso bolivariano necesita tener mucha cintura para escuchar todos los mensajes que le vengan desde todos los ángulos afines al proceso. De la misma manera que tiene que aprender a compartir desde el Estado cuotas de poder que deberán ser entregadas al poder comunal. De lo contrario, el Estado se irá burocratizando cada vez más, y la crítica quedará en manos de los enemigos del proceso. En ambos casos, la consecuencia será la imposibilidad de construir una nueva hegemonía.
Venezuela ha tenido éxito, a diferencia de lo que ha sido la norma en la izquierda latinoamericana, por cinco razones. La transformación ha venido acompañada de redistribución de la renta (posibilitada por el alto precio del petróleo y la voluntad de repartirlo), ha sido democrática, tanto en términos electorales como de democracia participativa, ha venido en forma de ola regional, ha gozado de las posibilidades que brindan las nuevas formas de comunicación y no ha generado un rechazo extremo como ocurrió con el comunismo en los años 20 y 30. Pero al ser una "revolución" electoral, siempre se la juega en el último embate. Este último quizá haya sido el más difícil, al estar marcado por la ausencia del fundador de la V República. También ha sido superado. Europa seguirá, en cualquier caso, criticando a Venezuela. Algo siempre más socorrido que ver las miserias propias.

 La difficile costruzione del Socialismo in Venezuela
   
di Juan Carlos Monedero
Lo scenario presentato dall’opposizione al chavismo durante la breve campagna elettorale ha raggiunto apici apocalittici: quattordici anni di Governo (con quasi due generazioni che hanno conosciuto governi chavisti), la morte del carismatico leader e la sostituzione con qualcuno che non è  Chávez (cosa d’altronde evidente), blackout elettrici e problemi di somministrazione alimentare (provocati dai sabotaggi, anche se non lo dicono), una delinquenza che ha raggiunto livelli molto alti, innalzamento dei prezzi (dove le responsabilità degli accaparratori e speculatori sono evidenti, altra aspetto che non si evidenzia), corruzione nell’amministrazione… E, senza alcun dubbio, Nicolás Maduro ha vinto le elezioni. con un risultato al quale il chavismo non è certo abituato (ottenendo sempre un vantaggio di una ventina di punti), che però non è lontano da quello ottenuto da altri presidenti (Calderón, Bush). Maduro ha vinto le elezioni e l’opposizione, como è stato di norma dal 1998, non riconosce il risultato. La destra pensa sempre che il potere le appartiene.
Per comprendere la vittoria di Nicolás Maduro è necessario
lasciare da parte le consunta scienza politica e darsi invece alla letteratura (per esempio, Los pasos perdidos, di Alejo Carpentier). Ci si renderebbe conto in questo modo, che i ritmi del mare, dei fiumi infiniti e della terra non sono quelli delle fabbriche e delle autostrade. Sarebbe di aiuto inoltre, comprendere la logica delle telenovelas — nelle quali si reinventa costantemente il mito della Cenerentola, adesso con giudici ed eredità in mezzo — o anche il perché della necessità popolare dei santi quotidiani, quelli che danno la forza a coloro che si alzano alle quattro del mattino per andare al lavoro, un lavoro che li impegnerà tutta la giornata e per il quale riceveranno un salario che sarà sufficiente per andare a Disneyworld. Aiuterebbe altresì, comprendere l’umiliazione accumulata del popolo di fronte ai mantuanos e agli stranieri e la dignità recuperata grazie a qualcuno che era dei loro (pensate ai Santi innocenti di Miguel Delibes, moltiplicatelo per dieci, aggiungeteci il razzismo storico verso i neri e gli indios, conditelo con la penetrazione imperiale nordamericana; vi avvicinerete quindi a ciò che è stata la storia dell’America Latina negli ultimi secoli). In una assemblea comunale una donna venezuelana dice ad un’altra: “¡Chica, parli come Chávez!”, e lei le risponde: “No. In verità è che Chávez parla come parliamo noi”. Non ci sono bambini denutriti nelle strade del Venezuela e nelle scuole si affidano loro libri e computers portatili. Nell’ultimo anno sono state consegnati 200.ooo alloggi. Inoltre, i Venezuelani, non hanno più vergogna di essere venezuelani. Nell’editoriale di un periodico globale e disorientato di affermava: il populista Chávez spende il denaro del petrolio in educazione, per la sanità, in pensioni, in case popolari. Ovvio, chiunque vincerebbe in questo modo le elezioni.

Perché la sinistra avanza il America latina mentre in Europa precipita? Potrebbe essere che in Europa continua a disprezzare ciò che non conosce. A nulla serve la scuola di Francoforte che mette in guardia di fronte all’orrore moderno nel momento in cui usa la razionalità in maniera totalmente strumentale — nemmeno fosse Terminator—. Non le è servito neppure il buono che c’è in Bauman  ed il suo scommettere sul liquido, sul suo ammonimento sul fatto che esiste una linea quasi retta tra il pensiero della Modernità ed i forni crematori di Auschwitz. L’Europa continua a commettere “epistemicidi”, facendo del pensiero lineare una strada che non porta da nessuna parte, misurando il mondo con il suo eurocentrico bastone di comando.
Il Venezuela bolivariano continua a darle l’impressione dei discepoli delle dottrine filosofiche troppo frivole. Un presidente che canta? Un leader che ride con il suo popolo? Un dirigente che spende il suo tempo sporcandosi di fango nelle zone più umili? E come se non fosse abbastanza adesso anche un Presidente conducente di autobus! Se intendessero l’emotività di questo processo, capirebbero che non si può  sconfiggere il sogno dei poveri con un piccolo borghese che solo ieri diceva che avrebbe cacciato i medici cubani ed oggi promette di dare loro la cittadinanza, che ieri voleva mettere in carcere o rendere ineleggibile Chávez ed oggi si dichiara un suo fervente discepolo, che ieri insultava le missioni sociali ed oggi dice che vuole potenziarle. E lo dice circondandosi di gente di plastica —  come cantava Rubén Blades— per la quale è evidente il fastidio che mostrano per tutto ciò che ha a che vedere con il  popolo. Risulta chiaro che Capriles ha ottenuto un buon risultato. Ma non certo per proprio merito, piuttosto per la somma degli errori del chavismo.
Nicolás Maduro, un conducente di autobus che
ha conseguito la sua laurea ed il suo dottorato in politica (attenzione con le concezioni elitarie: quanti laureati e dottori sono responsabili di aver rovinato interi paesi?), ha acquisito l’esperienza sufficiente per portare avanti il processo rivoluzionario, non solo, ma anche per superare i colli di bottiglia nei quali si è bloccato. Come sindacalista, como deputato, como Presidente della Assemblea, como ministro degli Esteri, como Vicepresidente. Se Chávez lo ha scelto in mezzo ad un ampio ventaglio di possibilità non è stato certo per un capriccio. Il Presidente caduto ha ritardato troppo prima di cominciare a pensare a quale sarebbe stato lo scenario dopo di lui. Ma quando la malattia l’ha messo di fronte all’urgenza e alla necessità di farlo, la formazione di Maduro era già un dato di fatto. Nel suo intervento nel giorno delle elezioni dal suo collegio elettorale, Maduro ha dimostrato che era pronto. I tic dell’emulazione del suo maestro sono stati superati. Al momento opportuno si è presentato per quello che lui stesso è. Forse con ritardo, ma un Maduro completo alla fine stava lì. I suoi gesti, il suo discorso, il suo temperamento, la sua tranquillità. Lui, come la maggioranza del popolo, “ha portato a termine l’impegno preso con Chávez”. Adesso possono continuare autonomamente. La grande sfida di avvicendarsi ad un Presidente “gigante” – ci che è stato Chávez, nonostante gli errori e tutto il resto – lo ha saputo fare per bene. Senza rinunciare al suo lascito; senza apparire un semplice clone del Comandante. Ed il popolo del Venezuela è stato chiaro: accompagniamo Chávez, ma accompagniamo anche un progetto. Non si può dubitare che l’opposizione ha ottenuto il suo migliore risultato. Maduro ha ottenuto però 300.000 voti in più.
Le sfide di Maduro sono grandi. quando nell’incontro di chiusura della campagna si è fatto accompagnare da tutto il collegio ministeriale ha lanciato un primo messaggio: siamo un gruppo. il carisma di Chávez sarà sostituito con la politica. Il secondo messaggio non era meno contundente: dal giorno successivo alle elezioni, Maduro comincia il giro del paese per due settimane, ascoltando il pueblo, le sue rimostranze, le sue necessità, i suo desideri di collaborazione. Quasi il 50% degli elettori non ha compreso la proposta di Maduro. Quindi è necessario spiegarla. E, contemporaneamente, costruendo i nuovi accordi che permettano di governare il paese.
Maduro ha ereditato da Chávez la sua indicazione como la persona incaricata di  continuare la Rivoluzione bolivariana, però con questa eredità non è incluso  l’accordo che ha intrecciato Chávez in questi 14 anni. Obbiettivo del nuovo gruppo di governo è costruire il nuovo blocco e conquistare l’egemonia grazie all’inclusione di gruppi, sensibilità, professioni, partiti, ambiti geografici, ecc. Qui è dove esiste il rischio maggiore di rottura in qualsiasi processo di cambiamento, in maniera tale che la volontà dimostrata di connettere tutte queste questioni indica sensibilità politica e buona accortezza. Il terzo messaggio è ugualmente importante: nessun compromesso con la “borghesia” (cioè con coloro che scommettono per approfittarsi dle lavoro degli altri) né con l’impero (i vicine del nord cospirano sempre  per destabilizzare chi  disobbedisce, ma anche le imprese transazionali,che credono che qualsiasi territorio gli appartenga e che sia un loro mercato). Per quanto riguarda il programma, Maduro sa, in quanto membro di diversi Governi di Chávez, che ci sono tre problemi urgenti: l’insicurezza, la corruzione e la inefficienza. tre problemi strutturali, storici, di difficile soluzione ma dove il processo si gioca la sua credibilità popolare una volta che tutte le altre conquiste saranno percepiti presto come diritti acquisiti. La crisi economica mondiale avrà le sue ripercussioni anche in America Latina, e in questo scenario è essenziale che l’intesa tra il popolo ed il governo sia totale. Per questo, la trasparenza e il comportamento probo del governo sono condizioni sine qua non.
Tutto ciò si può solo conquistare con la partecipazione popolare ed una immensa apertura alla critica e all’autocritica. La scomparse fisica di una figura tanto presente come quella di Chávez, apre moti spazi per molte cose. In un mondo senza modelli, la frase di Simón Rodríguez “inventiamo o sbagliamo”continua ad essere radicalmente valida. Il vivere e l’esperire sono sempre più importanti che la pedissequa ripetizione di modelli che hanno dimostrato la propria inadeguatezza. Perciò, il processo bolivariano ha bisogno di averemo molta corda per ascoltare tutti i messaggi che provengono da tutti gli angoli affini al processo. Allo stesso modo è necessario imparare a condividere, da parte dello Stato, quote di potere che dovranno essere concesse al poder comunal. In caso contrario, lo Stato si burocratizzerà sempre di più, e la critica sarà un arma consegnata nelle mani dei nemici del processo. In tal caso, la conseguenza sarà l’impossibilità di costruire una nuova egemonia.
Il Venezuela ha avuto successo, a differenza di quella che è stata la norma della sinistra latinoamericana, per cinque ragioni. La trasformazione è stata accompagnata dalla redistribuzione della rendita (grazie all’alto prezzo del petrolio e la volontà di condividerlo), è stata democratica, tanto nei termini elettorali, come per la democrazia partecipativa, si è sviluppata come un’onda regionale, ha goduto delle possibilità offerte dalle nuove forme di comunicazione e non ha generato un rifiuto estremo come è accaduto con il comunismo negli anni 20 e 30. Ma, essendo una “rivoluzione” elettorale, se la gioca sempre nell’ultimo incontro. Quest’ultimo, forse, è stato ilo più difficile, essendo segnato dall’assenza del fondatore della V Repubblica. Anche se è stato superato. In qualsiasi caso l’Europa continuerà a criticare il Venezuela. Che è sempre qualcosa di più comodo che guardare alle proprie miserie.

Publicato originalmente in Público.es
[trad. dal castigliano di Ciro Brescia]

albainformazione.wordpress.com/2013/05/22/la-difficile-costruzione-del-socialismo-in-venezuela/

giovedì 16 maggio 2013

VENEZUELA :Sui risultati elettorali del 14 aprile 2013 / Sobre los resultados electorales del 14 abril



Sui risultati elettorali del 14 aprile 2013

Fernando Arribas García * | 

Il risultato finale delle elezioni del 14 aprile 2013 assegna all'opposizione più di 7 milioni e 362 mila voti, con un aumento di circa 770 mila voti rispetto alle elezioni del 7 ottobre 2012. Ma questo incremento, apparentemente impressionante, non è in realtà poi così grande. Si osservi quanto segue.

C'è stato un piccolo aumento dell'astensione dalle elezioni presidenziali del 7 ottobre (dal 19,8% al 20,4%, circa 107 mila astenuti in più). Tuttavia, questo incremento è stato più che compensato da una riduzione dei voti "nulli" (da 1,9% a 0,4%, circa 221 mila in meno). Come risultato netto, abbiamo un aumento del totale dei voti validi (+0,8%, circa 114 mila voti aggiuntivi). C'è stata anche una significativa riduzione dei voti agli "altri" (candidati diversi dai due principali) dal 7 ottobre al 14 aprile (-56,8%, circa 51 mila voti in meno).

In realtà, sia il volume di voti "nulli", come il voto per "altri" erano stati eccessivi nel 2012. In entrambi i casi, i risultati del 7 ottobre superarono i livelli che erano statisticamente attesi in base alle recenti tendenze storiche: ci sono stati circa 170 mila voti "nulli" e circa 60 mila voti agli "altri", più di quelli statisticamente attesi.

Queste anomalie statistiche verificatesi il 7 ottobre hanno una stessa spiegazione: il cambiamento di candidatura di una organizzazione che appoggiava Capriles e lo sostituì (ricordate il "fenomeno" Reyna Sequera, candidata che ottenne il 7 ottobre quasi 71 mila voti, dei quali 66 mila corrispondevano ad una lista che inizialmente appoggiava a Capriles), e l'annullamento dell'appoggio di altre tre organizzazioni al candidato dell'opposizione. In tutti i casi, questi cambiamenti sono stati fatti all'ultimo minuto e non si sono riflessi nella scheda elettorale che era già stata stampata.

Di conseguenza, a Capriles nel 2012 non vennero conteggiati circa 230 mila voti espressi in suo favore dagli elettori, ma utilizzando alcune delle schede che avevano cambiato candidato o annullato la loro posizione, tuttavia avevano la sua foto stampata sulla scheda. Si noti che il 14 aprile l'opposizione ha partecipato con una denominazione unica (MUD, Tavolo dell'Unità Democratica), eliminando così la possibilità che queste situazioni si potessero verificare di nuovo. Quindi la crescita dell'opposizione dal 2012 al 2013 non è stata di 770.000 voti, ma di circa 540 mila voti, per lo più provenienti probabilmente da quella parte di elettorato che si era astenuto il 7 ottobre.

Voto punitivo?

Il risultato finale del 14 aprile assegna al Presidente Maduro più di 7 milioni e 586 mila voti, il che rappresenta una riduzione rispetto al 7 ottobre di circa 605 mila voti, che molto probabilmente si sono astenuti in questa occasione. Si notino i seguenti fatti.

Il voto per il PSUV, principale partito dell'alleanza che guida il processo di cambiamento, ha subito solo una lieve diminuzione in termini proporzionali rispetto al 7 ottobre (-3,0%, circa 194 mila voti), e la maggior parte della diminuzione di voti è stata pagata dagli altri partiti dell'alleanza. In termini proporzionali, i partiti che più hanno sofferto sono stati IPCN (-64,2% rispetto al 7 ottobre, circa 45 mila voti in meno), PRT (-61,5%, 36 mila voti in meno), REDES (-52,4%, 104 mila voti), MEP (-49,9%, 93 mila voti), PPT (-46,6%, 103 mila voti) e PCV (-42,1% rispetto al voto del 7 ottobre, circa 206 mila voti in meno) [*]

L'argomentazione del "voto punitivo" è basata sul malcontento popolare di fronte alle gravi carenze della gestione governativa, gli effetti della svalutazione, i fallimenti del servizio elettrico, la scarsità di beni di consumo, l'aumento della criminalità e l'aumento dell'inflazione. Ma questo pone un problema statistico: se i risultati dell'alleanza fossero classificati semplicemente come "voto punitivo", allora questa punizione, a parità di condizioni ("con le altre variabili immutate") dovrebbe ripartirsi tra tutti i partiti dell'alleanza e a ciascuno toccherebbe una quota direttamente proporzionale al suo peso relativo in essa.

Tuttavia questo non è accaduto. Fino al 14 aprile, il PSUV rappresentava il 78% dell'alleanza, per cui statisticamente questo partito avrebbe dovuto ricevere il 78% della "punizione", perdendo 472 mila voti. Allo stesso modo, il PCV (che rappresentava il 6% dell'alleanza), avrebbe dovuto perdere solo 36 mila voti e, seguendo la stessa logica, al PPT sarebbe dovuto corrispondere una riduzione di soli 16 mila voti, REDES 15 mila, al MEP 14 mila, a IPCN 5 mila e PRT 4 mila. Il fatto che la riduzione di voti dell'alleanza non sia distribuito proporzionalmente tra i partiti che la compongono e che il principale componente dell'alleanza sia stato il meno "punito" dall'elettorato, indebolisce l'ipotesi del "voto punitivo".

Ci devono esser stati, pertanto, altri fattori che sono entrati in gioco e che spiegano questi risultati. E' probabile, per esempio, che si sia verificato il fenomeno della "astensione punitiva", che già si presentò con forza nel 2007 e contribuì alla sconfitta elettorale del cosiddetto "chavismo" nel referendum sulla riforma costituzionale.

La relativamente piccola diminuzione di voti al PSUV, indebolisce anche l'ipotesi della diserzione o frammentazione intenzionale degli elettori di questa organizzazione per presunte tensioni o divisioni interne. Tutto indica che la reazione emotiva degli elettori del PSUV per la morte del presidente Chavez, ha temporaneamente unificato il partito proteggendolo da un ulteriore collasso. E' possibile, tuttavia, che alcune delle tensioni intra-PSUV siano state drenate da Tupamaros (77 mila voti in più rispetto al 7 ottobre), come si verificò anche in occasione delle elezioni parlamentari del 2010.

Il risultato del PCV

Il PCV ha subito una significativa riduzione dei voti: dai quasi 490 mila del 7 ottobre ai circa 284 mila del 14 aprile. Questa riduzione, anche se sensibile, non era del tutto inaspettata e non deve allarmare più di tanto. Il nostro Ufficio politico nella riunione dell'8 ottobre e l'XI Plenum del Comitato Centrale - realizzato due settimane dopo - aveva avvertito che questi 490 mila voti non erano "nostri", ma rappresentavano la volontà di diverse correnti del movimento operaio e popolare, di ampi settori classisti, critici, propositivi, autonomi e rivoluzionari, che sono a favore di un approfondimento del processo, di una sua depurazione e del conseguente orientamento verso il socialismo. Una parte di queste correnti hanno espresso le loro aspirazioni e il loro disaccordo lo scorso anno attraverso la nostra scheda. Non lo hanno fatto il 14 aprile, ma probabilmente torneranno a farlo ancora in futuro. Tuttavia, è nostro obbligo capire le cause di questa riduzione significativa della nostra base elettorale.

L'ipotesi del "voto punitivo" tuttavia è ancor meno adeguata per spiegare la riduzione del voto al PCV, che per il resto dell'alleanza. Non ha senso pensare che il partito che è stato meno coinvolto nelle attività di governo, sia stato uno dei più "puniti" dalla reazione popolare a questa gestione.

Si noti che, come ha sottolineato l'Ufficio politico e il Comitato Centrale nel mese di ottobre, una delle componenti importanti del nostro voto proviene di solito dalle correnti classiste del movimento operaio. Questo era particolarmente vero nel 2012, come risultato della lunga offensiva guidata dal PCV per una nuova e rivoluzionaria legge sul lavoro (LOT) e in favore dell'approvazione della Legge sui Consigli dei lavoratori e lavoratrici. Negli oltre tre anni in cui durò questa campagna, per il PCV, in particolare attraverso la Corrente classista dei lavoratori "Cruz Villegas", si crearono stretti legami di collaborazione e appoggio reciproco con i settori più avanzati e organizzati della classe lavoratrice, che ebbe concreta espressione elettorale il 7 ottobre.

Ma nei mesi trascorsi tra le due elezioni presidenziali, questo rapporto è diventato un po' meno stretto, in parte perché già si era raggiunta la riforma della LOT, nonostante tutti i suoi difetti, e in parte perché gli eventi nazionali (tre elezioni in sei mesi, la malattia e la morte del presidente Chavez, la svalutazione ed i suoi effetti) hanno distratto il centro dell'attenzione del movimento operaio cambiando le sue priorità, ciò che ha inciso sulla politica del PCV.

Sindacalismo di classe e "astensione punitiva"

Si deve inoltre tener conto della tensione che esiste tra i settori più avanzati del movimento operaio-sindacale e il governo, in vista dei numerosi conflitti lavorativi che si sono verificati in questi ultimi anni, e la risposta insoddisfacente data dal governo a queste situazioni, sia come patrocinatore dei diversi enti e imprese dello Stato, che in qualità di responsabile e arbitro dei rapporti di lavoro attraverso gli Ispettorati e altre agenzie del Ministero del Lavoro (Mintrass). I numerosi casi di vessazioni e ostilità contro i Consigli dei lavoratori, l'ostacolo alla formalizzazione dei sindacati in processo di costituzione, il ritardo e la riluttanza nella discussione e firma dei contratti e accordi collettivi, il licenziamento ingiustificato e gli abusi generalizzati nel lavoro in cui è incorso il governo, tanto in qualità di parte padronale che nel Mintrass, hanno creato un clima di rabbia tra i lavoratori organizzati.

E a questo si aggiungono gli attacchi orchestrati negli ultimi due anni dal governo e dal PSUV contro l'Unione Nazionale dei Lavoratori (UNETE), nel processo di costituzione della cosiddetta Centrale Bolivariana Socialista dei Lavoratori (CBST), organizzazione di carattere padronale, dipendente e sottomessa al governo, che ha causato gravi danni alla già fragile unità del movimento operaio-sindacale. Non è un caso che UNETE, che aveva attivamente fatto campagna per la rielezione del presidente Chavez nel mese di ottobre, non abbia partecipato alla campagna per l'elezione dell'attuale presidente Maduro, che molti identificano come uno dei principali dirigenti del settore che ha scatenato la campagna di attacchi contro UNETE e il sindacalismo di classe autonomo.

Non abbiamo alcun dubbio che, con l'inibizione di UNETE, nel cui seno sviluppa la propria attività la Corrente classista dei lavoratori "Cruz Villegas", e il malessere generale tra i settori più coscienti e avanzati del movimento operaio-sindacale, il PCV abbia perso il 14 aprile decine di migliaia di voti che ci avevano accompagnato nelle precedenti elezioni presidenziali e che questa volta hanno ingrossato le fila della "astensione punitiva".

E' stato difficile per coloro che hanno subito gravi e ripetuti attacchi, generalmente attribuiti a un settore vicino al presidente Maduro, votare per lui. E il PCV non è riuscito a far loro comprendere appieno l'importanza delle elezioni che si avvicinavano e la necessità di rinviare temporaneamente le loro legittime lamentele di fronte alla contraddizione principale del momento, dal momento che la possibilità della soluzione reale delle loro rivendicazioni dipende dalla continuità e dall'approfondimento del processo rivoluzionario di cambiamento, nella prospettiva dell'obiettivo socialista.

* Membro del Comitato Centrale e del Dipartimento nazionale d'istruzione ideologica del PCV.

Articolo pubblicato su Tribuna Popular 220

NdR 
[*] Partito Socialista Unito del Venezuela (PSUV); Partito Comunista del Venezuela (PCV); Movimento Elettorale del Popolo (MEP); Patria per Tutti (PPT); Indipendenti per la Comunità Nazionale (IPCN); REDES; Partito Rivoluzionario del Lavoro (PRT)



Sobre los resultados electorales del 14 abril

Fernando Arribas García *

El resultado final de las elecciones del 14-A adjudica a la oposición más de 7 millones 362 mil votos, lo que representa un crecimiento de unos 770 mil votos con respecto al 7 de octubre de 2012. Pero este aumento aparentemente impresionante no es en realidad tan grande. Obsérvese lo siguiente:
Hubo un pequeño incremento de la abstención desde las elecciones presidenciales del 7-O (de 19,8% a 20,4%, unos 107 mil abstencionistas más). Sin embargo, este incremento fue compensado con creces por una reducción de los votos «nulos» (de 1,9% a 0,4%, unos 221 mil menos). Como resultado neto, hubo un aumento del total de votos válidos (+0,8%, unos 114 mil votos adicionales). Hubo además una reducción importante de los votos por «otros» (candidatos distintos a los dos principales) desde el 7-O al 14-A (-56,8%, unos 51 mil votos menos).
En realidad, tanto el volumen de votos «nulos» como el de votos por «otros» habían sido excesivos en 2012. En ambos casos, los resultados del 7-O superaron los niveles que eran estadísticamente esperables según las tendencias históricas recientes: hubo unos 170 mil votos «nulos» y unos 60 mil votos por «otros» más que lo que era estadísticamente esperable.
Estas anormalidades estadísticas ocurridas el 7-O tienen una misma explicación: el cambio de candidatura de una organización que apoyaba a Capriles y lo sustituyó (recuérdese el «fenómeno» Reyna Sequera, candidata que obtuvo el 7-O casi 71 mil votos, de los cuales 66 mil correspondieron a una tarjeta que inicialmente apoyaba a Capriles), y las anulaciones del apoyo de otras tres organizaciones al candidato de la oposición. En todos los casos, estos cambios fueron hechos a última hora y no quedaron reflejados en la boleta electoral que ya estaba impresa.
En consecuencia, a Capriles no se le contabilizaron en 2012 unos 230 mil votos que fueron emitidos en su favor por los electores, pero usando alguna de las tarjetas que habían cambiado de candidato o anulado su postulación, y sin embargo tenían su foto impresa en la boleta. Obsérvese que el 14-A la oposición participó bajo una denominación única (MUD), con lo que se eliminó la posibilidad de que ocurrieran de nuevo estas situaciones. Así que el crecimiento de la oposición de 2012 a 2013 no fue de 770 mil votos sino de alrededor de 540 mil votos, seguramente procedentes en su mayoría de la porción del electorado que se había abstenido el 7-O.
¿«Voto castigo»?
El resultado final del 14-A adjudica al Presidente Maduro más de 7 millones 586 mil votos, lo que representa una reducción con respecto al 7-O de unos 605 mil votos, que muy probablemente se abstuvieron en esta oportunidad. Obsérvense los siguientes hechos:
La votación por el PSUV, principal partido de la alianza que impulsa el proceso de cambios, sufrió apenas una leve disminución en términos proporcionales con respecto al 7-O (-3,0%, unos 194 mil votos), y el grueso de la disminución del voto de la alianza fue sufrido por el resto de los partidos de la misma. En términos proporcionales, los partidos que más sufrieron fueron IPCN (-64,2% de su votación del 7-O, unos 45 mil votos menos), PRT (-61,5%, 36 mil votos menos), REDES (-52,4%, 104 mil votos), MEP (-49,9%, 93 mil votos), PPT (-46,6%, 103 mil votos) y PCV (-42,1% de su votación del 7-O, unos 206 mil votos menos).
La argumentación del «voto castigo» se sustenta en la insatisfacción popular ante las graves deficiencias de la gestión gubernamental, los efectos de la devaluación, las deficiencias del servicio eléctrico, la escasez de bienes de consumo, el auge de la delincuencia y el repunte de la inflación. Pero esto plantea un problema estadístico: si los resultados de la alianza del proceso se debieran simplemente al llamado «voto castigo», entonces ese castigo, bajo condiciones ceteris paribus («con las demás variables inalteradas») se habría repartido proporcionalmente entre todos los partidos de la alianza y a cada cual le habría tocado una alícuota directamente proporcional a su peso relativo en el total de la alianza.
Sin embargo esto no fue así. Hasta el 14-A, el PSUV representaba el 78% de la alianza, por lo que lo estadísticamente esperable era que este partido recibiera el 78% del «castigo» y hubiera perdido 472 mil votos. De igual manera, el PCV (que representaba 6,0% de la alianza), debería haber perdido sólo 36 mil votos; y, siguiendo con la misma lógica, a PPT le correspondía una reducción de apenas 16 mil votos, a REDES 15 mil, a MEP 14 mil, a IPCN 5 mil y a PRT 4 mil. El hecho de que la reducción del voto de la alianza no se haya distribuido proporcionalmente entre los partidos que la componen y que el principal componente de la alianza haya sido el menos «castigado» por el electorado, debilita la hipótesis del «voto castigo».
Tiene que haber habido, por lo tanto, otros factores que entraron en juego y explican los resultados de la alianza. Es probable, por ejemplo, que haya ocurrido el fenómeno de la «abstención castigo», que ya se hizo presente con fuerza en 2007 y contribuyó a la derrota electoral del denominado «chavismo» en el referendo por la reforma constitucional.
La relativamente pequeña disminución de la votación del PSUV, también debilita la hipótesis de la deserción o fragmentación intencional de los votantes de esta organización por supuestas tensiones o divisiones internas. Todo indica que la reacción emotiva de los votantes del PSUV ante la muerte del Presidente Chávez, unificó temporalmente a este partido y lo protegió de un mayor descalabro. Es posible sin embargo que algunas de las tensiones intra-PSUV se hayan drenado hacia Tupamaro (77 mil votos más que el 7-O), como podría haber ocurrido también en las elecciones parlamentarias de 2010.
La votación del PCV
El PCV sufrió una significativa reducción de su votación: de casi 490 mil votos el 7-O a unos 284 mil el 14-A. Esta reducción, aunque sensible, no era enteramente inesperada ni debe alarmarnos en exceso; ya nuestro Buró Político, en su reunión del 8 de octubre, y el XI Pleno del Comité Central –realizado menos de dos semanas más tarde–, advirtieron que esos 490 mil votos no eran «nuestros», sino que representaban la voluntad de diferentes corrientes del movimiento obrero y popular, de amplios sectores clasistas, críticos, propositivos, autónomos y revolucionarios, que están a favor de la profundización del proceso, su depuración y orientación consecuente hacia el socialismo. Una parte de estas corrientes que expresaron sus aspiraciones y su disconformidad el año pasado a través de nuestra tarjeta, no lo hicieron el 14-A, pero seguramente volverán a hacerlo en el futuro. No obstante, es nuestra obligación profundizar en las causas de esa notable reducción de nuestro caudal electoral.
La hipótesis del «voto castigo» es todavía menos adecuada para explicar la reducción de la votación del PCV, que para la del resto de la alianza. No tiene sentido suponer que el partido que ha estado menos asociado con la gestión de gobierno, haya sido uno de los más «castigados» por la reacción popular ante esa gestión.
Obsérvese que, como lo apuntaban el Buró Político y el Comité Central en octubre, uno de los componentes importantes de nuestra votación proviene habitualmente de las corrientes clasistas del movimiento obrero. Esto fue particularmente cierto en 2012, como resultado de la larga ofensiva liderizada por el PCV en pro de una nueva y revolucionaria Ley Orgánica del Trabajo (LOT) y en pro de la aprobación de la Ley de los Consejos de Trabajadores y Trabajadoras. En los más de tres años que duró esa campaña, el PCV, especialmente a través de la Corriente Clasista de Trabajadores «Cruz Villegas», forjó lazos estrechos de colaboración y apoyo mutuo con los sectores más avanzados y organizados de la clase trabajadora, lo que tuvo expresión electoral concreta el 7-O.
Pero en los meses que transcurrieron entre ambas elecciones presidenciales, esa relación se hizo algo menos estrecha, en parte porque ya se había logrado la reforma de la LOT, pese a todas sus deficiencias, y en parte porque los acontecimientos nacionales (tres procesos electorales en seis meses, la enfermedad y muerte del Presidente Chávez, la devaluación y sus efectos) distrajeron el foco de atención del movimiento obrero y modificaron sus prioridades, lo que incidió en la política del PCV.
El sindicalismo clasista y la «abstención castigo»
Asimismo, debe tomarse en cuenta la tensión que existe entre los sectores más avanzados del movimiento obrero-sindical y el gobierno, en vista de los numerosos conflictos laborales que se han venido suscitando en los últimos años, y la insatisfactoria respuesta que ha dado el gobierno a estas situaciones, ya en calidad de patrono en los diferentes entes y empresas del Estado, o ya en calidad de rector y árbitro de la relación laboral desde las Inspectorías y otras dependencias del Ministerio del Trabajo (Mintrass). Los numerosos casos de acoso y hostigamiento contra los Consejos de Trabajadores, obstaculización de la formalización de sindicatos en proceso de constitución, demora y renuencia en la discusión y firma de contratos y convenciones colectivas, despido injustificado, y maltrato laboral generalizado en que ha incurrido el gobierno, tanto en su condición de parte patronal como desde el Mintrass, han creado un clima de molestia entre los trabajadores organizados.
Y a ello hay que agregar los ataques orquestados en los dos últimos años desde el gobierno y desde el PSUV contra la Unión Nacional de Trabajadores (UNETE), en el proceso de constitución de la llamada Central Bolivariana Socialista de Trabajadores (CBST), organización de carácter patronal, dependiente y sumisa al gobierno, que ha causado serios daños a la ya frágil unidad del movimiento obrero-sindical. No es casual que UNETE, que había hecho campaña activamente a favor de la reelección del Presidente Chávez en octubre, se haya inhibido de participar en la campaña por la elección del hoy Presidente Maduro, a quien además muchos identifican como uno de los dirigentes fundamentales del sector que desató esa campaña de ataques contra UNETE y el sindicalismo clasista autónomo.
No nos cabe duda de que, con la inhibición de UNETE, en cuyo seno desarrolla su actividad la Corriente Clasista de Trabajadores «Cruz Villegas», y el malestar generalizado entre los sectores más conscientes y avanzados del movimiento obrero-sindical, el PCV dejó de recibir el 14-A decenas de miles de votos que nos habían acompañado en la anterior elección presidencial y que en esta oportunidad pasaron a engrosar las filas de la «abstención castigo».
Era difícil que quienes han sufrido severos y reiterados ataques generalmente atribuidos a un sector cercano al Presidente Maduro, votaran por él. Y el PCV no logró hacerles entender a cabalidad la importancia de la elección que se avecinaba y la necesidad de posponer temporalmente sus legítimos reclamos ante la contradicción principal del momento, en vista de que la posibilidad de la solución real de sus reivindicaciones depende de la continuidad y profundización revolucionaria del proceso de cambios, en la perspectiva del objetivo socialista.
*Miembro del Comité Central y del Departamento Nacional de Educación Ideológica del PCV.
Artículo publicado en Tribuna Popular 220

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